Daniela Iturra, es una becada Portas y acá nos cuenta lo que ha significado para ella estar en la Fundación.

Daniela Iturra, tiene 21 años y estudia Licenciatura en Arte y Humanidades en la Universidad Católica. Ella vive con su mamá, Pamela, y hermano Diego de 24 años en la Población Los Nogales de Estación Central. “Soy la primera profesional de mi familia ya que mi hermano nació con parálisis cerebral, y las políticas públicas del país no están desarrolladas o avanzadas para que él pueda ingresar a la educación superior”. Diego es completamente dependiente tanto en movilización y alimentación y es, Pamela, la madre de Dani quien lo cuida. “Como familia nos solventamos mes a mes con la pensión alimenticia porque mis padres están separados, mi hermano tiene su pensión de discapacidad y mamá trabaja de manera esporádica porque es titiritera y cuenta cuentista”, comenta.

Dani, como le dicen sus cercano, se graduó de 4to medio con promedio 6,8, sin embargo, en la PSU no le fue muy bien, “no teníamos presupuesto para que asistiera a un pre universitario, entonces di la PSU con mis conocimientos de media y preparándome por mi cuenta; hice varios ensayos “online””, explica. Daniela ingresó a la Universidad en el año que el Ranking y el NEM (Notas de Enseñanza Media) alcanzaron su porcentaje máximo y “como tenía un muy buen promedio de enseñanza media me fue más fácil entrar a la educación superior por ponderación de notas y además tuve la beca Bicentenario y la de excelencia académica y ahora estoy con gratuidad”, afirma.

Un guía para la vida

Al salir de 4to medio, Daniela quería estudiar teatro, sin embargo, dio la prueba especial y no quedó, pero buscó más opciones e ingresó a estudiar Licenciatura en Artes y Humanidades. El hecho de entrar a la educación superior le generó mucho temor, “uno entra asustado a la Universidad porque se siente perdida, sobre todo yo, que en un comienzo quería estudiar otra profesión, y además en el camino me cuestioné si me cambiaba de carrera. Hay muchos interrogantes cuando uno está en la educación superior, pero Portas me ayudó a buscar mi rumbo y darle un sentido y encontré mi vocación profesional”.

Además de recibir de parte de la Fundación esa orientación vital, Portas le consiguió tutorías como apoyo para pasar sus ramos. “Yo me eché Filosofía del Arte y fue porque no tenía una base y tampoco la conciencia de que había que pedir ayuda en el momento preciso. Cuando volví a hacer el ramo, pedí tutorías, tuve el máximo de asistencia, y eso hizo que lo pasara. Ahora estoy en otra tutoría que es de Gestión Financiera; empecé el ramo y de inmediato comencé con tutorías porque preví que iba a ser un ramo que me iba a costar mucho. ¡En la primera prueba me saqué un 5,7!”, exclama.

La importancia de las habilidades blandas

“Durante los primeros tres años, Portas entrega una sólida formación en habilidades sociales. Yo encuentro que es algo que a todos los seres humanos deberían enseñarle, como, por ejemplo, la empatía; saber dar una respuesta precisa, ni desde el enojo, ni desde la indiferencia. Son cosas tan básicas sobre las relaciones humanas que, si yo lo viera más en las personas que viajan en el Transantiago o en los funcionarios públicos, Chile funcionaría mucho mejor como país. El semestre pasado nos enseñaron sobre competencias emprendedoras y fue muy útil para que uno se dé cuenta que sí se puede. En cualquier emprendimiento lo importante es centrarse y decirse “sí, yo puedo”, y además de crear una estrategia. Portas me ha ayudado a creerme el cuento porque muchas veces el sistema se encarga de decirte: “sabes que, preocúpate de otras cosas”. A mí me pasó, comencé a cuestionar lo que estaba haciendo en el primer año de carrera porque yo estudiaba, pero mi familia necesitaba solvencia económica. La pregunta era: ¿Dejo de estudiar y me pongo a trabajar porque ahora lo más urgente es el dinero? Y Portas te dice que a la larga es mucho mejor que termines tus estudios y después te pongas a trabajar.  A muchos compañeros de mi generación les pasó; uno se veía enfrentado a las necesidades económicas de su familia, pero tenías que convencerte que estabas en el camino correcto, y ahí estaba Portas para apoyarte”.

 

Yo he visto como la cultura te abre un horizonte. Yo he visto niños potencialmente adictos a cualquier droga y que, entrando a un taller de teatro, muralismo, serigrafía, les cambia su panorama, empiezan a ver otras cosas y se les amplía el mundo. La cultura, al igual que la educación, puede ampliar los horizontes.