«Desde el principio confiaron en mí, en momentos donde muchos no lo hacían»
Katherine conoció a Fundación Portas, que en esos años se llamaba Proyecta, cuando estaba en el colegio. En esa oportunidad, le explicaron que consistía en un apoyo integral, sin embargo, le llamaba la atención el apoyo económico. No entendía del acompañamiento, menos del desarrollo de habilidades blandas. “Mi primer encuentro con Portas fue en el taller de apresto a la vida universitaria, en donde nos explicaron un poco en qué consistía la vida universitaria, a través de la experiencia de becados más antiguos de la fundación. De ese primer encuentro, lo que más recuerdo era la calidez humana con la que nos recibieron a todos. Recuerdo las caras de los integrantes de mi generación, que hoy son mis amigos. Todos estábamos ahí, sin entender mucho el por qué una beca de apoyo económico se preocupaba tanto de quiénes éramos, cuáles eran nuestros sueños, nuestros miedos y nuestras necesidades. Más tarde entenderíamos que Proyecta, hoy Portas, más que una beca, era un espacio para reconocernos, para apoyarnos y que su sentido se conformaba a partir de lo que nosotros hacíamos de ese espacio, más que lo que otros podían hacer por nosotros”.
¿Qué representa Portas en tu vida?
Es una familia incondicional. Es un espacio de afecto, en donde te entregan un apoyo permanente, en todas las áreas de tu vida. Para mí, que siempre me he caracterizado por ser muy insegura respecto de mis capacidades y potencialidades, Portas ha significado seguridad. Me enseñaron que me la podía., Desde el principio confiaron en mí, en momentos donde muchos no lo hacían. Gracias a eso pude desarrollar muchas áreas que estaban un poco apagadas en mí. Esa seguridad que hoy siendo cuando tengo que exponer en público, cuando tengo una entrevista de trabajo, cuando tengo que hacer algún trabajo en equipo o cuando reflexiono sobre algunos aspectos de mí misma, es gracias a Portas.
Portas es un espacio de encuentro, de afecto y seguridad incondicional. Me enseñó que no importa cómo estén las cosas allá afuera, lo importante es cómo nos preparamos entre nosotros para salir a hacer lo que nos mueve. Porque las cosas no las hacemos solos o solas, siempre hay otros dando la batalla contigo.
¿Cuáles fueron las principales barreras que enfrentaste en la educación superior?
Hubo varias barreras que enfrentar. La primera, tuvo que ver con el hecho de haber estudiado en una escuela técnica. A mí me prepararon para el mundo laboral y no tanto para teorizar sobre el mundo y la humanidad. Una de las cosas con las que más me costó lidiar era con que gran parte de mis compañeros y compañeras habían tenido, al menos, filosofía en la escuela. Muchos venían de colegios de excelencia, emblemáticos, que los prepararon durante años para este mundo académico. Yo, que dentro de todo había tenido el primer lugar en rendimiento de mi generación de enseñanza media, no entendía muy bien por qué me costaba tanto en la universidad. Y eso, en segundo, me generó mucha rabia y angustia, porque pese a sacrificar muchos espacios de mi vida para obtener buenos resultados, no lo lograba. A diferencia de mis compañeros, que no se esforzaba tanto. Mi rabia no era con ellos, obviamente, sino con las desigualdades sociales, sobre todo de educación, que se evidenciaban en la universidad.
Por eso Portas tuvo un rol clave para mí en este proceso. En los acompañamientos, por ejemplo, la María José, me contenía mucho emocionalmente, me hacía sentir comprendida. No juzgada, ni exigida. Me ayudó a reenfocar el asunto. Sin dejar de lado las condiciones estructurales, me hizo ver en mí cosas que no veía, cosas que había logrado o habilidades que, gracias a mi historia de vida y condiciones sociales, pude desarrollar. Pude ver en mí fortalezas y potencialidades personales que me ayudaban a hacerle frente a la frustración, a las dificultades, a estas barreras.
Tuve la suerte, también, de que mi familia me apoyó bastante, también. Sin embargo, al ser la primera profesional de mi familia, todos estábamos ahí, explorando este extraño, entretenido pero difícil mundo de la universidad. Mi mamá no entendía por qué si estudiaba todo el día y toda la noche me sacaba una baja nota. Para mi familia, en ese sentido, Portas también fue un apoyo, porque les ayudó a bajar la ansiedad de no saber cómo ayudarme con orientaciones más concretas. Sabían que había profesionales muy comprometidos que me ayudaban en ese aspecto y que conocían mejor el mundo de la universidad. Eso me permitió compartir con ellos desde otro plano, de las conversaciones de la once de “¿cómo te fue en la fundación, ¿qué hicieron?
¿Por qué recomendarías la experiencia de haber pasado por Portas?
Por el apoyo. Hay que decir las cosas cómo son. Venir de un estrato socioeconómico bajo, ser el primer profesional de tu familia, tener carencias económicas, lidiar con la violencia de tu barrio, entre otras cosas, no es fácil. Muchos estudiantes en esta situación en Chile terminan desertando de la universidad y no por falta de vocación, sino que por falta de oportunidades. Portas es más que una oportunidad, es un campo de posibilidades para el desarrollo personal, académico y profesional y también económico.
En mi pasar por la fundación, la he visto crecer y expandirse mucho y me siento orgullosa de eso. Hoy en día Portas cuenta con una red de apoyo importante en el área social, psicológica, de salud, tecnológica, laboral, etc. Y todo eso con el único fin de que tu pasar en la universidad sea una experiencia gratificante, enriquecedora y no una tortura. Sinceramente, con la cantidad de apoyos que, post-portas, se han ido generando en Chile, no conozco un espacio que ofrezca oportunidades de apoyo y desarrollo tan integral como los que ofrece la fundación.
Ahora que eres profesional ¿cómo ves tu futuro?
Con muchas y diversas experiencias. Hoy mis expectativas son altas y las enfrento con bastante seguridad. Sin embargo, con la humildad que requiere reconocer mi lugar actual, mi contexto y las personas con las que me relaciono, de las cuales nunca debo dejar de aprender. Afortunadamente he tenido la dicha de tener muy buenas oportunidades laborales y de desarrollo profesional. En cada entrevista de trabajo que tengo siempre hablo de Portas y de los aprendizajes que ahí he construido, que me hacen ser la profesional que hoy soy. Hasta el momento, he recibido puras reacciones de asombro e interés por conocer más al respecto. Por lo que también siento la responsabilidad de ir dejando huella con el sello de la fundación donde quiera que vaya.
Estoy dejando un hermoso trabajo hecho con mis colegas de una escuela básica en la comuna de San Joaquín y comenzando un nuevo rumbo, en un Liceo de la comuna de Santiago. Eso me tiene muy entusiasmada. Ha sido una etapa de muchos cambios, de “soltar” aquellas cosas que te estancan y de abrirse a nuevas experiencias.
A diferencia de cuando entré a la universidad, hoy, que estoy saliendo, veo menos claridades en cuanto a qué haré o dónde estaré en unos años más, pero sí estoy segura de que estaré dándolo todo, por lo que me mueve y apasiona en mi carrera, como dijo Rosa Luxemburgo alguna vez: “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.
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«Desde el principio confiaron en mí, en momentos donde muchos no lo hacían»
Katherine conoció a Fundación Portas, que en esos años se llamaba Proyecta, cuando estaba en el colegio. En esa oportunidad, le explicaron que consistía en un apoyo integral, sin embargo, le llamaba la atención el apoyo económico. No entendía del acompañamiento, menos del desarrollo de habilidades blandas. “Mi primer encuentro con Portas fue en el taller de apresto a la vida universitaria, en donde nos explicaron un poco en qué consistía la vida universitaria, a través de la experiencia de becados más antiguos de la fundación. De ese primer encuentro, lo que más recuerdo era la calidez humana con la que nos recibieron a todos. Recuerdo las caras de los integrantes de mi generación, que hoy son mis amigos. Todos estábamos ahí, sin entender mucho el por qué una beca de apoyo económico se preocupaba tanto de quiénes éramos, cuáles eran nuestros sueños, nuestros miedos y nuestras necesidades. Más tarde entenderíamos que Proyecta, hoy Portas, más que una beca, era un espacio para reconocernos, para apoyarnos y que su sentido se conformaba a partir de lo que nosotros hacíamos de ese espacio, más que lo que otros podían hacer por nosotros”.
¿Qué representa Portas en tu vida?
Es una familia incondicional. Es un espacio de afecto, en donde te entregan un apoyo permanente, en todas las áreas de tu vida. Para mí, que siempre me he caracterizado por ser muy insegura respecto de mis capacidades y potencialidades, Portas ha significado seguridad. Me enseñaron que me la podía., Desde el principio confiaron en mí, en momentos donde muchos no lo hacían. Gracias a eso pude desarrollar muchas áreas que estaban un poco apagadas en mí. Esa seguridad que hoy siendo cuando tengo que exponer en público, cuando tengo una entrevista de trabajo, cuando tengo que hacer algún trabajo en equipo o cuando reflexiono sobre algunos aspectos de mí misma, es gracias a Portas.
Portas es un espacio de encuentro, de afecto y seguridad incondicional. Me enseñó que no importa cómo estén las cosas allá afuera, lo importante es cómo nos preparamos entre nosotros para salir a hacer lo que nos mueve. Porque las cosas no las hacemos solos o solas, siempre hay otros dando la batalla contigo.
¿Cuáles fueron las principales barreras que enfrentaste en la educación superior?
Hubo varias barreras que enfrentar. La primera, tuvo que ver con el hecho de haber estudiado en una escuela técnica. A mí me prepararon para el mundo laboral y no tanto para teorizar sobre el mundo y la humanidad. Una de las cosas con las que más me costó lidiar era con que gran parte de mis compañeros y compañeras habían tenido, al menos, filosofía en la escuela. Muchos venían de colegios de excelencia, emblemáticos, que los prepararon durante años para este mundo académico. Yo, que dentro de todo había tenido el primer lugar en rendimiento de mi generación de enseñanza media, no entendía muy bien por qué me costaba tanto en la universidad. Y eso, en segundo, me generó mucha rabia y angustia, porque pese a sacrificar muchos espacios de mi vida para obtener buenos resultados, no lo lograba. A diferencia de mis compañeros, que no se esforzaba tanto. Mi rabia no era con ellos, obviamente, sino con las desigualdades sociales, sobre todo de educación, que se evidenciaban en la universidad.
Por eso Portas tuvo un rol clave para mí en este proceso. En los acompañamientos, por ejemplo, la María José, me contenía mucho emocionalmente, me hacía sentir comprendida. No juzgada, ni exigida. Me ayudó a reenfocar el asunto. Sin dejar de lado las condiciones estructurales, me hizo ver en mí cosas que no veía, cosas que había logrado o habilidades que, gracias a mi historia de vida y condiciones sociales, pude desarrollar. Pude ver en mí fortalezas y potencialidades personales que me ayudaban a hacerle frente a la frustración, a las dificultades, a estas barreras.
Tuve la suerte, también, de que mi familia me apoyó bastante, también. Sin embargo, al ser la primera profesional de mi familia, todos estábamos ahí, explorando este extraño, entretenido pero difícil mundo de la universidad. Mi mamá no entendía por qué si estudiaba todo el día y toda la noche me sacaba una baja nota. Para mi familia, en ese sentido, Portas también fue un apoyo, porque les ayudó a bajar la ansiedad de no saber cómo ayudarme con orientaciones más concretas. Sabían que había profesionales muy comprometidos que me ayudaban en ese aspecto y que conocían mejor el mundo de la universidad. Eso me permitió compartir con ellos desde otro plano, de las conversaciones de la once de “¿cómo te fue en la fundación, ¿qué hicieron?
¿Por qué recomendarías la experiencia de haber pasado por Portas?
Por el apoyo. Hay que decir las cosas cómo son. Venir de un estrato socioeconómico bajo, ser el primer profesional de tu familia, tener carencias económicas, lidiar con la violencia de tu barrio, entre otras cosas, no es fácil. Muchos estudiantes en esta situación en Chile terminan desertando de la universidad y no por falta de vocación, sino que por falta de oportunidades. Portas es más que una oportunidad, es un campo de posibilidades para el desarrollo personal, académico y profesional y también económico.
En mi pasar por la fundación, la he visto crecer y expandirse mucho y me siento orgullosa de eso. Hoy en día Portas cuenta con una red de apoyo importante en el área social, psicológica, de salud, tecnológica, laboral, etc. Y todo eso con el único fin de que tu pasar en la universidad sea una experiencia gratificante, enriquecedora y no una tortura. Sinceramente, con la cantidad de apoyos que, post-portas, se han ido generando en Chile, no conozco un espacio que ofrezca oportunidades de apoyo y desarrollo tan integral como los que ofrece la fundación.
Ahora que eres profesional ¿cómo ves tu futuro?
Con muchas y diversas experiencias. Hoy mis expectativas son altas y las enfrento con bastante seguridad. Sin embargo, con la humildad que requiere reconocer mi lugar actual, mi contexto y las personas con las que me relaciono, de las cuales nunca debo dejar de aprender. Afortunadamente he tenido la dicha de tener muy buenas oportunidades laborales y de desarrollo profesional. En cada entrevista de trabajo que tengo siempre hablo de Portas y de los aprendizajes que ahí he construido, que me hacen ser la profesional que hoy soy. Hasta el momento, he recibido puras reacciones de asombro e interés por conocer más al respecto. Por lo que también siento la responsabilidad de ir dejando huella con el sello de la fundación donde quiera que vaya.
Estoy dejando un hermoso trabajo hecho con mis colegas de una escuela básica en la comuna de San Joaquín y comenzando un nuevo rumbo, en un Liceo de la comuna de Santiago. Eso me tiene muy entusiasmada. Ha sido una etapa de muchos cambios, de “soltar” aquellas cosas que te estancan y de abrirse a nuevas experiencias.
A diferencia de cuando entré a la universidad, hoy, que estoy saliendo, veo menos claridades en cuanto a qué haré o dónde estaré en unos años más, pero sí estoy segura de que estaré dándolo todo, por lo que me mueve y apasiona en mi carrera, como dijo Rosa Luxemburgo alguna vez: “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.


