Educación: transformación de sujetos y su entorno
Durante décadas las distintas administraciones estatales han considerado que lo que se necesitaba era una mayor inyección de recursos para la educación, y sin duda, estas afirmaciones son ciertas. Pero resultan insuficientes.
Gracias al potente mensaje traído desde las calles por los estudiantes y el movimiento social, la discusión que hoy tenemos sobre la mesa es cómo cambiamos el modelo educativo en su conjunto.
Esto quiere decir que no es suficiente incrementar recursos económicos para el mismo modelo educativo, sino cambiar la forma y el sentido de la misma educación. Al igual que los estudiantes que el 2011 marcharon por las calles y cambiaron a Chile, creemos que la educación debe ser pública, gratuita y de calidad. Que la lógica del negocio –el lucro- no debe primar en ninguno de los niveles del sistema educacional. Pero es necesario ir más allá, al interior del modelo educativo, al corazón del asunto: la verdadera formación debe buscar el desarrollo integral del ser humano.
Una de las consecuencias de la discusión sobre la reforma educacional en Chile es que por fin nos estamos arriesgando a preguntar ¿Que educación queremos? ¿Para qué sociedad? Hoy necesitamos reflexiones que nos remuevan y que nos obliguen a mirar lo que hemos construido y a conciencia analizar si es este el camino formativo que queremos seguir recorriendo. Esto debe partir desde las raíces del modelo educativo nacional, requiere de un cambio de rumbo en la manera en la que visualizamos nuestra relación con el conocimiento.
Desde nuestro trabajo efectivo, con jóvenes de sectores populares que acceden a la universidad, que lleva ya más de siete años, creemos que la educación debe ser mirada como un todo, entendida como una apropiación del saber y no una repetición de contenido. La educación tiene que ser un espacio de transformación de los sujetos y su entorno.
¿Nos importa que un niño recite las tablas de multiplicar sin entender la lógica matemática? ¿Nos importa que un joven repita las reglas de la gramática y la ortografía sin poder comunicar una idea propia? ¿Nos importa que un ciudadano reitere fechas de grandes acontecimientos históricos sin apropiarse de los procesos históricos en los que el mismo está involucrado? Todas las primeras frases de estas preguntas –recitar tablas, repetir reglas gramaticales y reiterara fechas- apuntan al ‘memorice’ que entiende el proceso formativo como deposito de contenidos, todas las segundas frases apuntan al aprendizaje transformacional, que entiende el proceso formativo como una transformación del estudiante en relación a su entorno. Es necesario apostar por construir una educación que apunte a lo segundo y no a lo primero.
Debemos comenzar a innovar en prácticas educativas que apunten en esa dirección en todos los niveles, desde el jardín a la universidad, pues para que se genere conocimiento nuevo tienen que haber cambios en el interior de los sujetos, la educación debe hacerles sentido. Abrir espacio para las formas de aprender distintas, rompiendo con la lógica de ‘los paquetes de contenido’, de la mecánica en la educación. De lo contrario subirán el número de universitarios titulados, magísteres, doctorados y posdoctorados sin ninguna transformación de sí mismos ni de su entorno, sin ningún aporte al desarrollo de la sociedad. Con esta lógica no se generan conocimientos nuevos, sólo se administran los conocimientos ya existentes.
Antonino Opazo
Sociólogo
Director de Desarrollo e Investigación Fundación Portas
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Educación: transformación de sujetos y su entorno
Durante décadas las distintas administraciones estatales han considerado que lo que se necesitaba era una mayor inyección de recursos para la educación, y sin duda, estas afirmaciones son ciertas. Pero resultan insuficientes.
Gracias al potente mensaje traído desde las calles por los estudiantes y el movimiento social, la discusión que hoy tenemos sobre la mesa es cómo cambiamos el modelo educativo en su conjunto.
Esto quiere decir que no es suficiente incrementar recursos económicos para el mismo modelo educativo, sino cambiar la forma y el sentido de la misma educación. Al igual que los estudiantes que el 2011 marcharon por las calles y cambiaron a Chile, creemos que la educación debe ser pública, gratuita y de calidad. Que la lógica del negocio –el lucro- no debe primar en ninguno de los niveles del sistema educacional. Pero es necesario ir más allá, al interior del modelo educativo, al corazón del asunto: la verdadera formación debe buscar el desarrollo integral del ser humano.
Una de las consecuencias de la discusión sobre la reforma educacional en Chile es que por fin nos estamos arriesgando a preguntar ¿Que educación queremos? ¿Para qué sociedad? Hoy necesitamos reflexiones que nos remuevan y que nos obliguen a mirar lo que hemos construido y a conciencia analizar si es este el camino formativo que queremos seguir recorriendo. Esto debe partir desde las raíces del modelo educativo nacional, requiere de un cambio de rumbo en la manera en la que visualizamos nuestra relación con el conocimiento.
Desde nuestro trabajo efectivo, con jóvenes de sectores populares que acceden a la universidad, que lleva ya más de siete años, creemos que la educación debe ser mirada como un todo, entendida como una apropiación del saber y no una repetición de contenido. La educación tiene que ser un espacio de transformación de los sujetos y su entorno.
¿Nos importa que un niño recite las tablas de multiplicar sin entender la lógica matemática? ¿Nos importa que un joven repita las reglas de la gramática y la ortografía sin poder comunicar una idea propia? ¿Nos importa que un ciudadano reitere fechas de grandes acontecimientos históricos sin apropiarse de los procesos históricos en los que el mismo está involucrado? Todas las primeras frases de estas preguntas –recitar tablas, repetir reglas gramaticales y reiterara fechas- apuntan al ‘memorice’ que entiende el proceso formativo como deposito de contenidos, todas las segundas frases apuntan al aprendizaje transformacional, que entiende el proceso formativo como una transformación del estudiante en relación a su entorno. Es necesario apostar por construir una educación que apunte a lo segundo y no a lo primero.
Debemos comenzar a innovar en prácticas educativas que apunten en esa dirección en todos los niveles, desde el jardín a la universidad, pues para que se genere conocimiento nuevo tienen que haber cambios en el interior de los sujetos, la educación debe hacerles sentido. Abrir espacio para las formas de aprender distintas, rompiendo con la lógica de ‘los paquetes de contenido’, de la mecánica en la educación. De lo contrario subirán el número de universitarios titulados, magísteres, doctorados y posdoctorados sin ninguna transformación de sí mismos ni de su entorno, sin ningún aporte al desarrollo de la sociedad. Con esta lógica no se generan conocimientos nuevos, sólo se administran los conocimientos ya existentes.
Antonino Opazo
Sociólogo
Director de Desarrollo e Investigación Fundación Portas

