Shelenchie Jeanty, becada Portas, tras pasantía en la CIDH: “Desde el principio, Portas no me falló”
Originaria de Haití, Shelenchie Jeanty (22) y su familia se establecieron en Chile en 2016. Ingresó a octavo básico -dos niveles atrás del nivel en el que estaba en Haití- en el colegio Juan Luis Undurraga de Fundación Belén Educa, pero al poco tiempo el establecimiento, debido a su adaptación y habilidades, decidió ubicarla en segundo medio.
Con sus gustos y objetivos claros, logró entrar a estudiar Derecho en la Universidad Autónoma de Chile en 2019, mismo año en el que llegó a Fundación Portas tras la recomendación de un amigo y también becado de la fundación. Hoy, luego de egresar y luego de una pasantía en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), conversó con Portas para contar su historia, sus desafíos, su experiencia como becada y sus sueños en el mundo del Derecho.

Shelenchie ¿cómo recuerdas tu infancia y el inicio de tu camino en Chile?
Soy la hija mayor de mi familia, tengo dos hermanas, una de 20 y otra de 13 años. Además, tengo un hermano grande que ya no vive en nuestra casa y tiene su propia familia. Desde pequeña me he caracterizado por ser sociable. Me gustan las personas, la verdad. Y tengo un lema en la vida: cuando se va relacionando con la persona, tiene que dejar una huella. Me acuerdo que de chiquitita estaba en muchas cosas. Tenía mucho el foco de atención puesta en mí. Era muy habladora también. No tenía miedo, era muy valiente. Me destacaba en muchas cosas. Pero sobre todo, más con el estudio. He escrito libros, me gusta escribir, de hecho quería ser escritora, pero ha sido el único sueño que no me he permitido cumplir, solo por la inestabilidad laboral que significa.
Nací en el hospital más grande del país, el Hospital General, en Puerto Príncipe. Toda mi familia cercana está en Chile. Mi papá llegó a Chile primero, en 2014, y nosotros logramos entrar de forma definitiva en 2016, luego de haberlo intentado en 2015, donde tuvimos que retornar por problemas administrativos.
¿Y cómo surgió esa decisión de elegir Chile como destino?
Vino primero mi hermano. Mi hermano también era muy liberal, él siempre estaba buscando algo mejor, algo más, no se cuadraba como a lo establecido. Yo siempre lo admiraba por esto. Cuando llegué, era la primera ola migratoria. De hecho, yo llegué en el gobierno de Bachelet, tanto como para decir que llegamos como ‘temprano’. Él (su hermano) le dijo a mi papá, ‘¿qué te parece venir acá en Chile?’ ‘¿Podrías ofrecer una mejor experiencia educativa para mí y para mis otros hermanos?’ Mi papá dijo que estaría bien. Y dejó sus cosas, puso toda su vida en una maleta y vino.
Según comentas, el estudio siempre estuvo presente en tu vida. En esa línea ¿Cómo nace la idea de estudiar derecho?
Lo bueno es que yo siempre supe qué quería hacer. Supe que quería ser abogada desde los 12 años. Después de no perseguir este sueño de ser escritora, a mí me gustaba argumentar. A mí me gustaba cómo argumentar las cosas. Para mí las cosas no eran en sí o en no. Siempre había un pero. Me gustaba mucho el arte de la argumentación. Y cuando llegué a primero medio en Haití, tuve una profesora. Mi profesora de gramática francés. Era jueza. Y ¡wow! Esta profesora me impactó tanto. La verdad, no hablaba mucho de su profesión, pero tenía una locución y una manera de ser tan hermosa. Dije, ya, yo quiero ser como ella. Y de a poco, guardé el sueño. Cuando llegué acá en Chile, mantuve el sueño y trabajé.
¿Y cómo empiezas a hilar cabos para adentrarte al sistema de educación superior chilena? ¿Es distinto al de Haití?
Porque yo llegué a Chile, me pusieron en un curso anterior. Tenía 15 años, y en Haití estaba haciendo segundo medio, y acá me pusieron en octavo. Después me cambiaron y me pusieron en segundo medio. En segundo medio fue un año tranquilo, pero de tercero en adelante, ¡pam! La universidad y todo.
No sabía nada de esto, y más encima, mis papás tampoco sabían porque no manejan el sistema educativo chileno, y es un sistema bastante grueso, entonces no pudieron apoyarme en ese sentido.
¿Cómo lograste entrar a la universidad pese a esa adversidad?
Tuve apoyo de un amigo y del cual estoy eternamente agradecida. Entré en un preuniversitario, y empecé a estudiar como para la carrera de derecho. Yo sabía que yo estaba en tercero, como para entrar, y que no podía aspirar a estas universidades estatales, pero yo quería entrar en una buena universidad. Y estudié, estudié, estudié, y en el 2019 logré entrar en la Universidad Autónoma de Chile en Derecho.
¿Y ese fue el momento de conocer Fundación Portas?
Por ese mismo amigo que me ayudó a entrar en la universidad, Roi Roi Clotaire (exPortado, generación 2018 e Ingeniero Comercial en Belén Educa), me ayudó mucho en todo. Y me dijo, ‘tienes que entrar en Portas, no puedes no entrar en Portas’. Me acuerdo también que Portas hizo una charla en mi colegio en ese tiempo, también por Roi Roi. Y postulé, y también quedé y estaba muy contenta.
Empecé mi etapa en la universidad ya como yo lo quería, porque quería entrar en Derecho y entré. Y también tuve este apoyo como el de Portas. Entonces intenté, y decía, por lo menos las cosas que yo tenía que hacer las hice bien. Y para mí era importante eso porque yo trabajaba para poder entrar en la universidad. Estoy orgullosa de ello.
¿Cómo fue el cambio en la exigencia académica al entrar a la universidad?
Desde la primera vez que entré como en el aura de la universidad, el cambio se notó harto. De hecho, una pequeña anécdota: me acuerdo, nunca me voy a olvidar de esto, en la matrícula en la universidad, mi papá me dijo, ‘fíjate, yo soy el único haitiano, el único negro acá’. Y yo creo que con esta frase que él me dijo, aunque no sé si lo hizo con algún impacto, fue radical para mí. Yo decía, ‘ya, estás en la sala grande ahora, ponte la chaqueta y hazte responsable’. Y entré, y entré como ‘a estudiar’.
Al principio no entendía nada. Y también tenía un desafío lingüístico, además pasar desde un colegio técnico profesional; se notaba que yo necesitaba mayor esfuerzo, doble trabajo, para poder llegar a hacer lo que otros de mis compañeros hacían. Lo bueno es que me di cuenta desde el principio. Me tomó tiempo. Pero tengo que decir que Portas ha sido lo mejor que me ha pasado en la universidad.

¿Cómo ha sido el apoyo de Fundación Portas hasta hoy?
Al principio yo estuve con la facilitadora Dámari Fuentealba. Ella conoce mi versión más joven, más risueña, como más niña también, mis temores de este tiempo.. Me acuerdo que la primera vez que pedí ayuda fue para ‘historia de derechos’, dije ‘tengo una prueba, no sé cómo estudiar’, no entendía nada de este ramo. La primera nota no me fue bien y dije ‘Damari, necesito ayuda’. Empecé a mostrarle el tema de los apoyos académicos, me asignó un tutor, con quien hasta ahora hay contacto.
Desde el principio, Portas no me falló, me acompañó y me tomó de la mano en cada momento de mi etapa universitaria. Portas estuvo. Hubo una etapa en donde no sé qué haría si no fuese por Portas. Las herramientas que nos enseñaron a través de los talleres, a través de las comunidades, fueron muy efectivas. He pasado momentos bastante difíciles en la U, una situación muy complicada de la que luego, incluso, tuve la idea de congelar los estudios, pero gracias a Dios logré esta etapa y luego logré una etapa mucho más maravillosa.
Terminaste una pasantía en septiembre en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ¿Cómo fue esa experiencia?
Salió la oportunidad de postular, quedé y fue un resultado que me puso muy contenta. Empecé a investigar sobre Costa Rica (país donde está ubicada la sede de la CIDH), lamentablemente por un problema de VISA no pude ir de manera presencial, pero la hice de manera virtual. Esta oportunidad me abrió los ojos. Siempre quise estudiar derecho. pero la verdad sabía en qué rama me quería especializar. En la CIDH pude ver su perspectiva a través de los ojos de una recién estudiante de una egresada, fue muy wow porque dentro de mi equipo, el de Cooperación Internacional, yo era la más nueva en todo sentido.
¿Con qué aprendizajes te quedas de este importante paso en tu vida?
Estuve siempre muy entusiasmada porque quería saber, quería entender y la verdad es que me dieron todo para entender el sistema interamericano, además de formación y el saber cómo funciona la reparación que entrega el sistema. Conocer este mundo me abrió los ojos, por la interculturalidad de quienes estudian y participamos de charlas, eran de distintos países y yo aportaba desde mis dos lados: Chile y Haití.
También pude ver la impotencia de la Corte. En algunas situaciones estaba atada de manos, por ejemplo, en algunas situaciones no podía hacer nada porque tal país no nos permite hacer nada, por mucho que sea una corte prestigiosa e importante. Laboralmente pude ver cómo funciona el mundo, cómo funciona el mundo judicial y legal.
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¿Qué sueños tienes ahora? ¿La pasantía despertó un interés en especial para dónde quieres llegar?
Puedo decir que terminé la U, de ir a clases todos los días. Y va a sonar irónico pero esa fue la parte más fácil, porque ahora es como el mundo real. Y yo lo digo sonriendo pero estoy con muchos temores, estoy muy ansiosa, no sé qué hacer porque mi plan de niña llegaba hasta estudiar Derecho, ahora tengo que ahora tengo que crear un plan para el resto.
Cuando entré en Derecho, yo quería cambiar el mundo, defender lo bueno. Era como la ilusión, pero ahora con 22 años, en quinto año, luego de una pasantía en una corte de derechos humanos, está difícil. Las cosas están mal, pero lo bueno para mí es que yo tengo herramientas. La primera herramienta es el hecho de estudiar Derecho. Estos cuatro meses en la pasantía me permitieron ver qué es lo que me gusta, porque hay muchas cosas que puedes hacer en Derecho, pero ahí fue algo que me metí al corazón, los Derechos Humanos.
¿Dónde te ves de aquí a cinco o diez años?
Yo sé que igual trabajar en cargos altos desde el lado internacional no va a ser algo que voy a lograr de ahí a cinco años. Y si alguna Corte Internacional de Derechos Humanos me está escuchando, feliz. Pero yo sé que no es algo que voy a lograr de ahí a cinco años, pero de ahí a diez años, me veo en un tribunal internacional.Yo tengo que estar en un tribunal internacional, y voy a estar en un tribunal internacional. Yo siempre he querido el lado internacional para no tener que estar en un solo lugar. Fue la pasantía lo que me permitió despertar nuevamente este sueño, para decir ‘eso es lo que quiero hacer’. Las áreas que me interesan son las áreas migratorias. Yo siempre decía, yo quiero estudiar algo para aportar a la comunidad donde soy perteneciente y también para aportar al país que soy migrante.
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Shelenchie Jeanty, becada Portas, tras pasantía en la CIDH: “Desde el principio, Portas no me falló”
Originaria de Haití, Shelenchie Jeanty (22) y su familia se establecieron en Chile en 2016. Ingresó a octavo básico -dos niveles atrás del nivel en el que estaba en Haití- en el colegio Juan Luis Undurraga de Fundación Belén Educa, pero al poco tiempo el establecimiento, debido a su adaptación y habilidades, decidió ubicarla en segundo medio.
Con sus gustos y objetivos claros, logró entrar a estudiar Derecho en la Universidad Autónoma de Chile en 2019, mismo año en el que llegó a Fundación Portas tras la recomendación de un amigo y también becado de la fundación. Hoy, luego de egresar y luego de una pasantía en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), conversó con Portas para contar su historia, sus desafíos, su experiencia como becada y sus sueños en el mundo del Derecho.

Shelenchie ¿cómo recuerdas tu infancia y el inicio de tu camino en Chile?
Soy la hija mayor de mi familia, tengo dos hermanas, una de 20 y otra de 13 años. Además, tengo un hermano grande que ya no vive en nuestra casa y tiene su propia familia. Desde pequeña me he caracterizado por ser sociable. Me gustan las personas, la verdad. Y tengo un lema en la vida: cuando se va relacionando con la persona, tiene que dejar una huella. Me acuerdo que de chiquitita estaba en muchas cosas. Tenía mucho el foco de atención puesta en mí. Era muy habladora también. No tenía miedo, era muy valiente. Me destacaba en muchas cosas. Pero sobre todo, más con el estudio. He escrito libros, me gusta escribir, de hecho quería ser escritora, pero ha sido el único sueño que no me he permitido cumplir, solo por la inestabilidad laboral que significa.
Nací en el hospital más grande del país, el Hospital General, en Puerto Príncipe. Toda mi familia cercana está en Chile. Mi papá llegó a Chile primero, en 2014, y nosotros logramos entrar de forma definitiva en 2016, luego de haberlo intentado en 2015, donde tuvimos que retornar por problemas administrativos.
¿Y cómo surgió esa decisión de elegir Chile como destino?
Vino primero mi hermano. Mi hermano también era muy liberal, él siempre estaba buscando algo mejor, algo más, no se cuadraba como a lo establecido. Yo siempre lo admiraba por esto. Cuando llegué, era la primera ola migratoria. De hecho, yo llegué en el gobierno de Bachelet, tanto como para decir que llegamos como ‘temprano’. Él (su hermano) le dijo a mi papá, ‘¿qué te parece venir acá en Chile?’ ‘¿Podrías ofrecer una mejor experiencia educativa para mí y para mis otros hermanos?’ Mi papá dijo que estaría bien. Y dejó sus cosas, puso toda su vida en una maleta y vino.
Según comentas, el estudio siempre estuvo presente en tu vida. En esa línea ¿Cómo nace la idea de estudiar derecho?
Lo bueno es que yo siempre supe qué quería hacer. Supe que quería ser abogada desde los 12 años. Después de no perseguir este sueño de ser escritora, a mí me gustaba argumentar. A mí me gustaba cómo argumentar las cosas. Para mí las cosas no eran en sí o en no. Siempre había un pero. Me gustaba mucho el arte de la argumentación. Y cuando llegué a primero medio en Haití, tuve una profesora. Mi profesora de gramática francés. Era jueza. Y ¡wow! Esta profesora me impactó tanto. La verdad, no hablaba mucho de su profesión, pero tenía una locución y una manera de ser tan hermosa. Dije, ya, yo quiero ser como ella. Y de a poco, guardé el sueño. Cuando llegué acá en Chile, mantuve el sueño y trabajé.
¿Y cómo empiezas a hilar cabos para adentrarte al sistema de educación superior chilena? ¿Es distinto al de Haití?
Porque yo llegué a Chile, me pusieron en un curso anterior. Tenía 15 años, y en Haití estaba haciendo segundo medio, y acá me pusieron en octavo. Después me cambiaron y me pusieron en segundo medio. En segundo medio fue un año tranquilo, pero de tercero en adelante, ¡pam! La universidad y todo.
No sabía nada de esto, y más encima, mis papás tampoco sabían porque no manejan el sistema educativo chileno, y es un sistema bastante grueso, entonces no pudieron apoyarme en ese sentido.
¿Cómo lograste entrar a la universidad pese a esa adversidad?
Tuve apoyo de un amigo y del cual estoy eternamente agradecida. Entré en un preuniversitario, y empecé a estudiar como para la carrera de derecho. Yo sabía que yo estaba en tercero, como para entrar, y que no podía aspirar a estas universidades estatales, pero yo quería entrar en una buena universidad. Y estudié, estudié, estudié, y en el 2019 logré entrar en la Universidad Autónoma de Chile en Derecho.
¿Y ese fue el momento de conocer Fundación Portas?
Por ese mismo amigo que me ayudó a entrar en la universidad, Roi Roi Clotaire (exPortado, generación 2018 e Ingeniero Comercial en Belén Educa), me ayudó mucho en todo. Y me dijo, ‘tienes que entrar en Portas, no puedes no entrar en Portas’. Me acuerdo también que Portas hizo una charla en mi colegio en ese tiempo, también por Roi Roi. Y postulé, y también quedé y estaba muy contenta.
Empecé mi etapa en la universidad ya como yo lo quería, porque quería entrar en Derecho y entré. Y también tuve este apoyo como el de Portas. Entonces intenté, y decía, por lo menos las cosas que yo tenía que hacer las hice bien. Y para mí era importante eso porque yo trabajaba para poder entrar en la universidad. Estoy orgullosa de ello.
¿Cómo fue el cambio en la exigencia académica al entrar a la universidad?
Desde la primera vez que entré como en el aura de la universidad, el cambio se notó harto. De hecho, una pequeña anécdota: me acuerdo, nunca me voy a olvidar de esto, en la matrícula en la universidad, mi papá me dijo, ‘fíjate, yo soy el único haitiano, el único negro acá’. Y yo creo que con esta frase que él me dijo, aunque no sé si lo hizo con algún impacto, fue radical para mí. Yo decía, ‘ya, estás en la sala grande ahora, ponte la chaqueta y hazte responsable’. Y entré, y entré como ‘a estudiar’.
Al principio no entendía nada. Y también tenía un desafío lingüístico, además pasar desde un colegio técnico profesional; se notaba que yo necesitaba mayor esfuerzo, doble trabajo, para poder llegar a hacer lo que otros de mis compañeros hacían. Lo bueno es que me di cuenta desde el principio. Me tomó tiempo. Pero tengo que decir que Portas ha sido lo mejor que me ha pasado en la universidad.

¿Cómo ha sido el apoyo de Fundación Portas hasta hoy?
Al principio yo estuve con la facilitadora Dámari Fuentealba. Ella conoce mi versión más joven, más risueña, como más niña también, mis temores de este tiempo.. Me acuerdo que la primera vez que pedí ayuda fue para ‘historia de derechos’, dije ‘tengo una prueba, no sé cómo estudiar’, no entendía nada de este ramo. La primera nota no me fue bien y dije ‘Damari, necesito ayuda’. Empecé a mostrarle el tema de los apoyos académicos, me asignó un tutor, con quien hasta ahora hay contacto.
Desde el principio, Portas no me falló, me acompañó y me tomó de la mano en cada momento de mi etapa universitaria. Portas estuvo. Hubo una etapa en donde no sé qué haría si no fuese por Portas. Las herramientas que nos enseñaron a través de los talleres, a través de las comunidades, fueron muy efectivas. He pasado momentos bastante difíciles en la U, una situación muy complicada de la que luego, incluso, tuve la idea de congelar los estudios, pero gracias a Dios logré esta etapa y luego logré una etapa mucho más maravillosa.
Terminaste una pasantía en septiembre en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ¿Cómo fue esa experiencia?
Salió la oportunidad de postular, quedé y fue un resultado que me puso muy contenta. Empecé a investigar sobre Costa Rica (país donde está ubicada la sede de la CIDH), lamentablemente por un problema de VISA no pude ir de manera presencial, pero la hice de manera virtual. Esta oportunidad me abrió los ojos. Siempre quise estudiar derecho. pero la verdad sabía en qué rama me quería especializar. En la CIDH pude ver su perspectiva a través de los ojos de una recién estudiante de una egresada, fue muy wow porque dentro de mi equipo, el de Cooperación Internacional, yo era la más nueva en todo sentido.
¿Con qué aprendizajes te quedas de este importante paso en tu vida?
Estuve siempre muy entusiasmada porque quería saber, quería entender y la verdad es que me dieron todo para entender el sistema interamericano, además de formación y el saber cómo funciona la reparación que entrega el sistema. Conocer este mundo me abrió los ojos, por la interculturalidad de quienes estudian y participamos de charlas, eran de distintos países y yo aportaba desde mis dos lados: Chile y Haití.
También pude ver la impotencia de la Corte. En algunas situaciones estaba atada de manos, por ejemplo, en algunas situaciones no podía hacer nada porque tal país no nos permite hacer nada, por mucho que sea una corte prestigiosa e importante. Laboralmente pude ver cómo funciona el mundo, cómo funciona el mundo judicial y legal.
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¿Qué sueños tienes ahora? ¿La pasantía despertó un interés en especial para dónde quieres llegar?
Puedo decir que terminé la U, de ir a clases todos los días. Y va a sonar irónico pero esa fue la parte más fácil, porque ahora es como el mundo real. Y yo lo digo sonriendo pero estoy con muchos temores, estoy muy ansiosa, no sé qué hacer porque mi plan de niña llegaba hasta estudiar Derecho, ahora tengo que ahora tengo que crear un plan para el resto.
Cuando entré en Derecho, yo quería cambiar el mundo, defender lo bueno. Era como la ilusión, pero ahora con 22 años, en quinto año, luego de una pasantía en una corte de derechos humanos, está difícil. Las cosas están mal, pero lo bueno para mí es que yo tengo herramientas. La primera herramienta es el hecho de estudiar Derecho. Estos cuatro meses en la pasantía me permitieron ver qué es lo que me gusta, porque hay muchas cosas que puedes hacer en Derecho, pero ahí fue algo que me metí al corazón, los Derechos Humanos.
¿Dónde te ves de aquí a cinco o diez años?
Yo sé que igual trabajar en cargos altos desde el lado internacional no va a ser algo que voy a lograr de ahí a cinco años. Y si alguna Corte Internacional de Derechos Humanos me está escuchando, feliz. Pero yo sé que no es algo que voy a lograr de ahí a cinco años, pero de ahí a diez años, me veo en un tribunal internacional.Yo tengo que estar en un tribunal internacional, y voy a estar en un tribunal internacional. Yo siempre he querido el lado internacional para no tener que estar en un solo lugar. Fue la pasantía lo que me permitió despertar nuevamente este sueño, para decir ‘eso es lo que quiero hacer’. Las áreas que me interesan son las áreas migratorias. Yo siempre decía, yo quiero estudiar algo para aportar a la comunidad donde soy perteneciente y también para aportar al país que soy migrante.


