Javiera se acaba de titular de la carrera de enfermería en la Universidad de Los Andes. Cuando entró a la universidad no existía la gratuidad, pero igualmente estudió gratis gracias a una beca que obtuvo por su excelencia académica en el colegio. Ingresó a bachillerato y compitió por uno de los diez cupos conducentes a enfermería. Lo logró y hoy es una flamante enfermera

 

¿Muy difícil el paso del colegio a la universidad?

Afortunadamente, en la universidad tuve mucho apoyo desde el comienzo. Apenas entré, tuve un tutor que se preocupaba mucho por mí, me llamaba, me escribía y me di cuenta que no estaba sola. Y a pesar de que yo venía de Renca y era un mundo completamente nuevo para mí, no me sentí sola. Tuve muchas amigas, parecidas a mí, con las que compartimos gratos momentos y nos apoyamos mucho.  Uno siempre se junta con personas con las que tienes cosas en común. Yo no llegaba en auto a la universidad, no salí de los mismos colegios que la mayoría de mis compañeros, pero no me sentía tan diferente. Era un tema de actitud, también. Yo era una más dentro de la universidad.

¿Recuerdas algún momento complejo?

Tercer año fue lo más difícil. Tuve muchos problemas familiares. Hace ocho años a mi mamá le diagnosticaron una enfermedad terminal y le habían dado dos años de vida. Afortunadamente ha luchado, pero hubo un momento que todo estuvo muy difícil para nosotros. Mi mamá cayó al hospital –ella es oxigeno dependiente-mi hermana tuvo un accidente y mi papá estuvo internado. Quedé sola y me tuve que hacer cargo de la casa. Justo ese año nos fuimos a vivir a Batuco y me demoraba dos horas y media de ida y otras dos horas y media de vuelta.  Ya no podía más.

¿Cómo lo enfrentaste?

Siempre con mucha fuerza y mucho apoyo. A pesar de que estaba muy cansada y sobrevivida en la universidad con un ramo muy importante, decidí dejarlo de lado para poder cuidar a mi familia. Era lo que debía hacer. El miedo más grande que tuve era que ese ramo ponía en riesgo mi beca, pero logré apelar y no me la quitaron. Nunca pensé en dejar la universidad, era mi herramienta para salir a adelante, ayudar a mi mamá y lograr todos mis sueños. Y en Portas aprendí muchas herramientas que me permitieron sobrellevar distintos momentos en la vida y que, sin duda, cambiaron mi forma de ver las cosas.

¿Cuáles son esos sueños?

Quiero ser un aporte para toda mi familia. Ojalá que nunca les falte nada y por eso voy a trabajar. Y tengo muchas ganas de viajar y de conocer otros países y culturas.