Pamela Flores tiene 26 años y es titulada en Arquitectura de la Universidad Diego Portales (UDP). Aquí les dejamos su testimonio.

Pamela vive en La Granja, con sus padres y hermanas. Ella es la primera profesional de su familia, “mi papá estudió hasta cuarto básico y mi mamá hasta cuarto medio porque tenía que hacerlo”, comenta. Pamela egresó del Industrial de Santiago con el mejor promedio de su promoción, y ahí se especializó en Diseño de Vestuario. Cuando la llamaron de la UDP para decirle que había quedado en Arquitectura, no sabía en lo que se estaba metiendo, “me inscribí a la carrera por la web de la UDP pero para pedir información y cuando salen los resultados de la PSU, ese mismo día me llaman diciéndome que si me matriculo tendría una beca y quedaba todo cubierto. No tendría que pagar nada”, explica. Pamela solamente tuvo que pagar la mensualidad y la matricula durante los años que se atrasó, “los primeros cinco años y medio no pagué nada. Después se me hizo muy difícil ya que tuve que empezar a estudiar y trabajar a la vez para cubrir lo que no me daba la beca, entonces conseguí que me contrataran en Bellavista como garzona”, declara.

¿Tuviste el apoyo de tu familia?

En mi casa y en mi entorno, mis vecinos, no le veían el valor de estar estudiando; comentaban que eran muchos años en una carrera y mucha plata gastada, y es porque no logran percibir un beneficio inmediato. Era difícil explicarle a alguien lo que estaba haciendo, sobre todo yo, que estaba en arquitectura y que pasaba mucho tiempo trabajando para hacer una maqueta pequeña; no lo entendían. Me pasó también con algunas relaciones de amistad. De mi colegio, creo que dos compañeros más entraron a estudiar. Todas mis compañeras ahora son dueñas de casa, madres, optaron por otros proyectos.

Qué me dejó Portas

En la Fundación me sirvió mucho el que me enseñaran a organizarme. Con tantos ramos me costaba ordenarme y en Portas me enseñaron a estructurarme. Por otro lado, no tenía muy desarrollado lo que tiene que ver con las relaciones interpersonales y en la Fundación uno está obligado en las comunidades a abrirse. Y eso me quedó muy marcado ya que ahora a los espacios donde llego, me preocupo y me doy el tiempo de hablar, entregar ese pequeño saludo y saber cómo está el otro. Aprendí además a expresarme en cuanto a lo que siento y lo que pienso. Sin la Fundación no podría haber terminado mi carrera, de eso estoy segura.

Hoy Pamela está haciendo clases de Dibujo e Interpretación de Planos y Computación en un Centro de Formación Técnica. Su sueño es irse a trabajar fuera de Santiago, “de aquí a fin de año voy a postular a Servicio País porque me quiero ir de la Región Metropolitana y si por ahí no me sale nada igual quiero buscar algo fuera de Santiago”, concluye.

¡Pamela te felicitamos y te deseamos toda la suerte para que cumplas tu tan anhelado sueño!